Cuando nació J.Lo, en Enero de 2001, Jennifer López ya era la artista latina mejor pagada en la historia de Hollywood. Su primer álbum, On the 6 (1999), había vendido 8 millones de copias en todo el mundo, para sorpresa de muchos. Parecía ya evidente que su carrera, dividida entonces entre el cine y la música, no era algo efímero: “Soy una artista. Canto, bailo, actúo. Está dentro de mí y no es algo que un día vaya a desaparecer. Hasta que me muera estaré haciendo cosas”.

A sus 31 años, con todo este camino ya recorrido, López demostró que podía seguir evolucionando artísticamente. Si Selena, la película que protagonizó en 1997, la catapultó a la fama en la meca del cine y la convirtió en la primera actriz latina en ganar un millón de dólares, J.Lo cimentó su estatus de estrella del pop.

“He adquirido mi ética profesional de mis padres. Siento como si ni siquiera hubiera empezado. Espero llegar al noveno álbum, a la trigésima película. Quiero escribir más canciones, hacer giras, encontrar los papeles adecuados, tener mi propia familia. Por eso es por lo que tengo tanta energía. Sé lo que tengo por delante”. Jennifer López hacía estas declaraciones para la revista Rolling Stone en Febrero de 2001, cuando acabada de publicar su segundo álbum. Como pitonisa, también lo bordó. Hoy, 20 años después, la cantante, actriz, bailarina, empresaria o diseñadora de moda, ha conseguido y superado con creces todo lo que se propuso entonces.

 

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